Perder la motivación por un trabajo es cada vez más común, nos aburrimos pronto y nos frustramos por ver pasar los días sin hacer algo que realmente nos llene.

Tenemos tantos sobreestímulos que no acabamos de asumir que lo que tenemos en este momento es nuestra mejor opción. 

Siempre pensamos que ese trabajo gris es sólo algo temporal y transitorio hasta que llegue una buena oportunidad.

Pero ¿qué pasa cuando nunca llega?

No quiero ir a trabajar

Muchas veces estamos cansados y pensamos ese intenso no quiero ir a trabajar. No te preocupes si las voces en tu cabeza te avisan y te dicen que es complicado levantarse para ir al trabajo. Reposa y piensa otra vez qué estás haciendo con tu vida y si es más fuerte el impulso del no quiero ir a trabajar. Recapacita y empieza de nuevo para no perderte entre la ansiedad laboral. El trabajo que estás haciendo, quizás esté siendo muy fuerte para ti. Las veces que has llegado a casa con cansancio en el trabajo y no te has podido levantar de la cama. Si piensas todos los días que no quiero ir a trabajar, quizás estés haciendo algo mal o quizás sean los encargados los que no sepan tratar a los empleados como se merecen. Del no quiero ir a trabajar a algún tipo de lesión importante, ya sea psicológica o física, puede haber un solo paso. Respóndete a ti mismo si no quiero ir a trabajar o si es tu trabajo un castigo demasiado enervante. Recuerda que si estás en una buena situación no tienes porqué caer en este tipo de laboriosidad agotadora y que siempre puedes abrir nuevos caminos. Sin embargo, esto no se da así por así. Para cambiar el no quiero ir a trabajar por una proyección nueva de tu tiempo, necesitas actualizarte o abrir las habilidades que puedan ir contigo. Si el no quiero ir a trabajar hace que no puedas dormir por las noches, ya puedes ir pensando qué hacer con tu día para cambiar esta situación.

No quiero volver al trabajo

No quiero volver al trabajo es algo que habrás pensado en más de una ocasión. La depresión en el trabajo es algo que se lleva a cabo con facilidad. Los ritmos extenuantes son lo peor que puede haber en un trabajo y que puede llegar a que continuamente se diga el no quiero ir a trabajar. Respira hondo con mucha tranquilidad y ve a un profesional para no tener que romperte por haber abusado de tus capacidades. Si alguien está en el no quiero ir a trabajar, hacer que cambie de idea por sí mismo es muy complicado. Debes de estar pendiente de que tanta presión no le haga caer en una angustia existencial por la cual todo se te pueda ir de bruces. El no quiero ir a trabajar abusa de la confianza de los trabajadores que están en los puestos de responsabilidad. Agotar todas las cuestiones de esfuerzo excesivo en el trabajo puede hacer que tengas un grave error que cunda entre los grupos y haga que tu productividad se reduzca. Nunca pierdas el manejo y antes que nada, tómate un té verde con menta, una cucharada de miel, otras dos de azúcar y una galleta de chocolate para que no te atrape el no quiero ir a trabajar. Si estás haciendo deporte y te sientes bien con tu cuerpo, es raro que te quedes para siempre en el no quiero ir a trabajar. Las personas que no tienen aficiones y no tienen la suficiente estima por ellas mismas tampoco tienen la aspiración que les hace ir más adelante. Las personas con depresión de trabajador que no piden ayuda o intentan solucionar esas cuestiones que las agotan, suelen tener también unos perfiles enfermizos que son maliciosos tanto para la empresa como para ellos. Cada vez que alguien te diga no quiero ir a trabajar pregúntate también si esa persona tiene algún problema circundante o son las condiciones del trabajo las culpables de la ausencia de motivación.

No quiero trabajar qué hago

Cuando tenemos un espacio de habitabilidad laboral que no es agradable, el trabajador puede salir por el no quiero ir a trabajar. Cuando el ambiente de trabajo es malo y no nos sentimos a gusto en este, se puede llegar a tremendas crisis que no van a ninguna parte. Del no quiero ir a trabajar se pueden sacar en claro muchas características que podemos tener en cuenta a la hora de mejorar la productividad de nuestro negocio. Si tenemos un espacio desordenado, sucio y feo, sin tiempos de descanso lo suficientemente amplios, lo más normal es que nos digan que no quiero ir a trabajar. EL que no quiere ir a trabajar se queda en casa descansando, lo que puede ser bueno mientras que no se la pegue mucho. Si ir a trabajar no quiere, también es beneficioso si es cantarín. Cuando el asunto ya toma carices más oscuros, entonces cambia el tema y puede hacer que se nos vaya de las manos todo este intento de hacer que nuestros trabajadores estén contentos y en un ambiente de trabajo que fomente el confort, para que no se queden en el sofá pensando que no quiero ir a trabajar. Nunca más te creas que el lugar de trabajo no afecta a tu subjetividad. En el caso de que tengas algún problema con tus condiciones de habitabilidad, las relaciones laborales o algún otro tema que pueda concernir a la gente que se ocupa de estas cosas, no te lo pienses dos veces y toma la hoja de reclamaciones. Tu acción puede mejorar la vida de todos y hacer que estén mucho más felices en su lugar de trabajo. Para que los puestos no destrocen a la persona y se queden a medias en la noción principal, se solidario con tus compañeros y estate atento para que no se pierda ninguna de las notas que puedas aportar.

No quiero trabajar, ¿qué hago?

Cuidar el espacio de todos es necesario, pero también tener una ambición que te proyecte hacia mucho más lejos de lo que te pensabas. Si no se puede tener la tranquilidad de poder seguir adelante sin trabajar, lo mínimo es que tengas la constancia de lo que estás haciendo y empieces a plantearte las cosas. Organiza con tus compañeros unas propuestas para ver cómo se pueden solucionar las cosas que empeoren las condiciones laborales y empieza a hacer de tu lugar un sitio más bonito. Todo puede cambiar y hacer que te levantes con una sonrisa por la mañana, lleno de ganas por ir a trabajar y darlo todo.

Que tenemos un límite, y ese límite es el día que te miras al espejo por la mañana y te dices: ya no quiero seguir vendiendo mi vida por un sueldo alimenticio.

Hasta ahora nos habían vendido que el riesgo era dejar un trabajo por el que nos pagan aunque no nos motive demasiado, sin embargo ahora el riesgo es aguantar hasta que suceda algo y nos pongan en la calle con cualquier reestructura, ERE o ERTE.

¿Dónde está el riesgo a partir de ahora?

¿En esperar que las cosas cambien y todo se alinee a tu favor?

¿o en tomar tú el control de tu carrera en vez de que sean otros los que lo hagan por ti?

Está claro que no podemos dejar un trabajo alimenticio de un día para otro sin antes haber preparado un plan B alternativo que nos permita una transición con cierta confianza.

Así que ante una situación de no querer ir más a trabajar debemos mantener la cabeza fría y ser más inteligentes que la organización que nos paga, pues para ellos sólo somos un commodity temporal y sustituible.

Tomar una decisión en caliente simplemente porque un día ya no puedes más no es la mejor idea.

Empezar a dedicar 2 horas al día a construir tu plan B de forma simultánea a tu trabajo zombi, sí lo es.

¿Pero cómo empezar a construir ese negocio paralelo mientras preparas tu salida?

Sólo necesitas 3 pasos: 

  1. Ordena y estructura toda tu experiencia y conocimiento acumulado, ese va a ser tu tema, del que ya eres experto aunque aún no lo creas. Piensa en toda tu carrera profesional, tus trabajos, clientes, relaciones y formaciones , todos los libros que has leído. Todo eso va a ser tu tema, extrae de ahí lo que más te motiva de lo que más sabes y que podrías hacer de forma desinteresada.
  2. Después, una vez que tengas definido tu tema, le vas a dar forma de un servicio que aporte valor a los demás, resolviendo problemas reales de personas reales, con tu conocimiento, esa va a ser tu propuesta de valor.
  3. Y por último, una vez que hayas validado tu propuesta, la podrás transformar en tu negocio del conocimiento, un plan B profesional real que incluso puedes simultanear con tu trabajo actual, o bien dedicarte a él al 100%.

Pues bien, ese el mi plan para ser emprendedor 20%, construir un negocio consciente basado en tu conocimiento, con un proyecto de vida detrás, un objetivo superior, mucho más grande que ganar dinero, alineado con tu propósito y valores, con tu contribución al mundo y el legado que quieres dejar a los que te rodean.

¿Te parece interesante este reto?

Ahora te toca a ti

Y para ayudarte a conseguirlo he preparado esta masterclass gratuita donde te voy a contar cómo crear un Plan B profesional basado en tu conocimiento que te de la libertad, independencia y propósito que siempre has buscado.

En esta clase intensa y directa a lo esencial aprenderás 3 cosas:

  1. Las claves para transformar tu carrera y encontrar tu zona de influencia
  2. El sistema para convertirte en emprendedor del conocimiento
  3. El método que te va a generar clientes de forma constante

El objetivo es ayudarte a crear tu plan B profesional y lanzar tu negocio del conocimiento cuanto antes, para que refuerces tu carrera y te vendas como el experto que ya eres en tu tema.

Nos vemos en la masterclass.